Nutrición

26 Sep

Fructosa ¿intolerancia o malabsorción?

Rocio Bueno y Raquel Escortell – nutricionistas HLA Clínica Vistahermosa

A lo largo del siguiente post, queremos hablar sobre la diferencia existente entre la intolerancia a la fructosa y la malabsorción de esta. Cada vez son más los pacientes que acuden con patologías relacionadas con la fructosa, pero algo que nos llama la atención es la falta de diferenciación entre las mismas. ¿Cómo podemos saber si somos intolerantes o presentamos una malabsorción?

En primer lugar, ¿Qué es la fructosa?
La fructosa es un hidrato de carbono sencillo (también llamado monosacárido) que se encuentra naturalmente presente en verduras, algunas hortalizas, la miel y la fruta. Este monosacárido, comúnmente se absorbe en el intestino a través de las GLUT5 una proteína transportadora que viaja gracias a la GLUT2 por la sangre y que es metabolizada por el hígado gracias a la enzima conocida como Aldolasa B.

Una vez hemos definido el concepto de fructosa nos será más fácil comprender la diferencia entre ambos conceptos.

Intolerancia a la fructosa ¿qué es?
La intolerancia a la fructosa se define como una condición congénita en la que el cuerpo pierde la capacidad de metabolizar la fructosa a causa de una carencia de la enzima Aldolasa B. Su desarrollo tiene una base genética recesiva, es decir, se puede ser portador y no desarrollarla nunca o verse manifestada.

Cuando se manifiesta suele ser a edades tempranas y puede diagnosticarse a través de pruebas genéticas y analíticas de laboratorio.

La sintomatología suele cursar con náuseas, vómitos, pero también con disfunción hepática, deshidratación o hipoglucemias ya que la fructosa sin metabolizar desarrolla compuestos tóxicos.
Una persona que sea diagnosticada de intolerancia a la fructosa deberá llevar a cabo una dieta estricta sin superar un máximo de 2 gramos diarios de fructosa.

¿Y qué determina el término malabsorción a la fructosa?
Cuando nos referimos a la malabsorción de la fructosa, el problema en este caso viene dado a nivel del tracto intestinas, por lo que el transportador que se ve afectado en este caso es el GLUT5. Ante la imposibilidad de producirse este trabajado de forma eficaz, se desencadenan síntomas como náuseas, dolor gastrointestinal, gases o diarrea. Esto se debe a que la fructosa llega al colon, donde fermenta. Esta malabsorción puede variar en función del individuo generando índices de tolerancia a la fructosa mucho más variables que en el caso de la intolerancia.

Su diagnóstico se lleva a cabo a través de una prueba de hidrógeno del aire espirado, prueba no invasiva en la que se permite medir la cantidad de hidrógeno presente en el aliento tras una hora del consumo de la fructosa en ayunas.

La malabsorción a la fructosa, actualmente, afecta a un 30% de la población mientras que la intolerancia a la fructosa se manifiesta en una de cada 20.000 personas según manifiesta la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Si presenta sintomatología compatible con cualquiera de ambas consulte con un profesional que pueda llevar a cabo un diagnóstico y eficaz y no dude en acudir a un nutricionista tras su diagnóstico para adaptar sus menús de una forma sencilla y efectiva.

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